Tuesday, October 27, 2009

“Cristianos y Política” o “la Biblia junto al calefón”


El CTI de la Fiscalía hizo efectiva la orden de detención en contra del concejal Melo Carrillo representa al Partido Cristiano de Transformación y Orden. Al asumir como concejal se comprometió a "ayudar a la comunidad cristiana y a generar iniciativas de desarrollo orientadas al mejoramiento de la calidad de vida de las familias". La verdad, no sé que puede tener que ver ese pacto con mandar a liquidar a su mujer, quien lo había amenazado con denunciarlo públicamente al encontrar en el celular del susodicho un videíto teniendo relaciones sexuales con otra.


Uno de los peores desaciertos que han cometido los cristianos evangélicos en América Latina recientemente ha sido la incursión en la política con los mal llamados “partidos políticos cristianos”. Es un error gravísimo con múltiples aristas, tanto teológicas como sociológicas. Veamos algunas.

Primero vamos con lo teológico. Esa idea de que “Colombia será para Cristo” ni es bíblica ni va a ocurrir. No olvidemos que hasta hace muy poco Europa era un continente “cristiano.” La Biblia dice que el evangelio será proclamado en todas partes, pero en ninguna parte afirma que todo el mundo se va a convertir en cristiano; todo lo contrario. El evangelio en general es y será rechazado porque el ser humano prefiere vivir a sus anchas sin pasar por las angostas de la ética cristiana, la de Jesús.


El primer error teológico es doble: pensar que todos se van a convertir a Cristo en el país, y que con gobernantes cristianos habrá justicia, paz y felicidad. Eso no ha ocurrido en ninguna parte y nunca va a ocurrir. Lea el Nuevo Testamento y verá cuán humanos son los cristianos.

El segundo error teológico es la peligrosa mezcla de religión con política, especialmente cuando el político que se llama cristiano es de formación tanto teológica como política poco estructuradas. La madurez de pensamiento no se logra en tres días, como si fuéramos plátanos.


Muchos cristianos evangélicos, sin darse cuenta, tienen una mentalidad constantiniana y medieval del poder (reino de Dios = control del gobierno); la misma que los cristianos evangélicos tanto le han criticado a la iglesia católica romana. ¡Qué ironía! Pero no se dan cuenta, precisamente por la falta de conocimiento de la historia, de la teología y de la política. ¡Qué peligro!

En cuanto a lo sociológico, uno no pasa del miedo al agua a una competencia intercontinental de veleros de la noche a la mañana. En Colombia, los cristianos evangélicos hace dos décadas eran o liberales o apáticos a la política. Esto último por una escatología apocalíptica, más hollywoodense que bíblica. ¿Qué se podía esperar? Cuando se les habló de las lecciones de la historia y de la inviabilidad de su empresa, respondieron con altiva ignorancia: “eso no nos va a pasar a nosotros.”


Los males que cometa el político cristiano evangélico y su partido serán sobredimensionados, exagerados, y publicitados como ningún otro en la sociedades latinoamericanas mayormente católicas, por una sencillísima razón: los políticos cristianos evangélicos cayeron en su propia trampa, movidos por la ambición, la teología distorsionada y la ignorancia crasa. Su discurso se olvidó que son seres humanos y arrogantemente descalificaron a los demás. Se declararon diferentes y resultaron iguales.


El hecho de que la gente haga tanta leña de estos árboles caídos muestra que los críticos tienen un sentido de lo correcto y, más aún, una vara ética más alta para medir a quienes ejercen cargos públicos no como ciudadanos, sino como cristianos. Por eso la factura tan elevada.

La necesidad más urgente en nuestro continente en términos de política es la cultura ciudadana. Cuando tengamos ciudadanos con cultura democrática, entonces podremos decir que tenemos democracia. Hasta el momento tenemos sólo maquinarias políticas y uno que otro caso aislado de verdaderos votos de opinión. Eso explica por qué es posible seguir eligiendo corruptos con tan poca participación ciudadana.


No vamos a decirles hoy a los mal llamados políticos y partidos cristianos evangélicos lo que le dijo Maradona a sus críticos. Tampoco eso sería muy cristiano. Pero sí es necesario advertirle a la gente de lo irresponsable y arrogante que es hablar de “partidos políticos cristianos.” Si alguien anhela ser político, gánese los votos en franca lid, no utilizando las maquinarias de las iglesias que a última hora en nada difieren de las maquinarias políticas que tanto hemos criticado.


La franca lid es el trabajo honesto y dedicado por el bien público, desde abajo. A la hora de votar, el elector vota por la historia pública del candidato y su partido, no por una religión. No confundamos elección de ministros religiosos con elección de ministros de gobierno.


Tantos parecidos entre los mal llamados políticos cristianos con los políticos tradicionales sugiere que Pierre Bastian tiene razón: Muchos de los movimientos “cristianos” de América Latina no son más que una expresión de la religiosidad popular católica.

Sunday, October 25, 2009

Maradona, Idolatría, Política y Valores olvidados

Mis amigos y conocidos saben que yo –siendo argentino- no quería que argentina clasifique al mundial, por considerar que Maradona –excelente jugador de futbol y pésimo deportista- es la peor pesadilla que le aconteció al futbol argentino y al pueblo que lo idolatra. Y si clasificábamos, su orgullo desproporcionado y mediático se dispararía. El ya famoso exabrupto de Maradona en Montevideo, minutos después de que la Argentina se clasificara para el Mundial de Sudáfrica, es sólo la punta de un témpano cuyo "cuerpo", mucho más amplio, consiste en una crisis moral. Esta crisis se expresa en la simultaneidad de dos procesos íntimamente ligados: en un sentido descendente, la debilidad de aquellos valores que debieran alimentarnos; en un sentido lamentablemente ascendente, el culto de aquellos ídolos con los que se pretende reemplazarlos.

Llamamos ídolo a la imagen mentirosa de una deidad que se nos propone como objeto de culto, y llamamos idólatra a quien la adora como si fuera verdadera. Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las tablas de la ley que Dios, el verdadero Dios según la Biblia, le había dictado, se encontró con la escandalosa novedad de que el pueblo se había puesto a adorar a un becerro de oro. Adorar significa "orar a Dios", pero el dios al que se adora puede ser verdadero o falso. El verbo "idolatrar" se aplica solamente a un dios falso.

Quizá la divinización de Maradona como un falso dios ocurrió a partir de él mismo, cuando atribuyó el famoso gol mentiroso que les convirtió a los ingleses a "la mano de Dios". Pudo pensarse al principio que, con esta inolvidable frase, el gran Diego se proponía como favorito de Dios, como una prueba más de que "Dios es argentino", pero el comportamiento ulterior de nuestro máximo futbolista induce a pensar que él se imaginaba no ya como un elegido de Dios sino como Dios mismo. Un dios falso, un "ídolo" cuya exaltación no fue culpa exclusiva del autor de aquella frase sino también de nuestra idolatría. ¿Acaso una mayoría no aplaudió, explícita o implícitamente, a "la mano de Dios"?

¿Quién es entonces Maradona? ¿Un tirano mediático que se impuso contra nuestra voluntad, o la encarnación resultante de nuestra auto exaltación narcisista, de nuestro desprecio por las reglas, ya fueran del deporte o de la Constitución? ¿Podríamos culparlo por la desmesura de su autoproclamada divinización? ¿Quién es al fin y al cabo Diego? ¿Un abusador solitario o una víctima propiciatoria del inconsciente colectivo de los argentinos? Si lo habíamos dejado creer que era Dios, él actuó en consecuencia cuando no hizo más que desplegar la presunta omnipotencia que le atribuíamos. Hoy la mayoría de los argentinos lo condena por lo que dijo en Montevideo, y esto apunta a una saludable reacción colectiva contra la mitomanía que lo confundió, pero no por eso no lo hemos querido con el amor ciego que, finalmente, lo perdió.

Otros ídolos

Si los vacíos siempre se ocupan, ¿no hay otros ídolos aparte de Maradona que hoy procuran desplazar nuestros valores? ¿Qué decir por ejemplo del dios del dinero? Si lo mantenemos en su lugar, importante pero secundario, el amor al dinero es un incentivo funcional para el desarrollo de la economía. ¿Puede subir en cambio al tope de nuestra escala de valores, hasta reemplazar incluso la vocación política?

El cambio de posiciones de aquellos que han votado inesperadamente en el Congreso contra los que se suponían que eran sus principios a cambio de determinados beneficios personales ante varias iniciativas como la ley de medios y la reciente aprobación legislativa de un presupuesto que pone todo en manos del Poder Ejecutivo, ¿cómo deja a estos mutantes políticos en relación con los valores que supuestamente sostenían? ¿Cómo explicar, del mismo modo, el enriquecimiento personal de algunos políticos, comenzando por la pareja presidencial, que ridiculiza sus remuneraciones formales?

Estas preguntas bordean el inquietante problema de la corrupción. Cuando alguien procura la obtención de beneficios personales en lugar de lo mejor para los gobernados, deja traslucir que el amor al dinero ocupa en su tabla de valores un lugar indebido. La corrupción puede ser directa cuando sus inconfesados frutos van al bolsillo del transgresor, o indirecta cuando benefician a algún aliado, como un gobierno provincial que la demanda de sus legisladores. Una forma sutil de corrupción también ocurre cuando representantes que han sido elegidos por formar parte de una lista determinada emigran súbitamente en dirección contraria y estafan de este modo a sus votantes. El hecho de que Kirchner haya concentrado el inmenso poder de la caja para alterar las votaciones parlamentarias muestra que conoce como nadie las debilidades morales de la condición humana y que no vacila en explotarlas en beneficio de su propia ambición de poder.

Pero ¿cuál es este beneficio? ¿Es el cumplimiento de un programa de gobierno previamente anunciado o es la multiplicación incesante del propio poder? El poder, en este sentido, ¿es como debiera ser un "medio" para realizar determinados ideales políticos o es al contrario un "fin en sí mismo" cuya meta es alimentarse de sus propios excesos? Si la corrupción que provoca la exaltación del dinero al tope de la escala de valores quema incienso ante el altar de un ídolo, la sed ilimitada del poder como si fuera un fin en sí mismo apunta a su vez en dirección de otro ídolo al que adoran aquellos que lo han convertido en su propia razón de ser, en su propia "razón de Estado", convirtiéndolo en un falso dios.

¿Y los valores?

Decíamos al principio que los ídolos crecen cuando ocupan el vacío dejado por los valores. Pero ¿qué son los valores? Desde Platón hasta Max Scheler y Ortega y Gasset, los valores han sido considerados la transformación en sustantivo de un adjetivo encomiable. Si decimos que una mujer es bella, es porque participa de algún modo de un valor, la belleza, del que esa mujer, al igual que un cuadro o un paisaje, participa. El primero de nuestros valores políticos es, en tal sentido, la democracia. Ella consiste en la transparente representación del pueblo por parte de aquellos a quienes el propio pueblo ha votado. Si algunos políticos, ya sea en el Congreso o en las diversas posiciones ejecutivas que les ha acordado el pueblo, pegan la vuelta sin aviso previo en función de otros apetitos, lesionan gravemente el dogma de la representación democrática.

El segundo de los valores que más debiera importarnos es la honestidad, entendida tanto en lo económico como en lo actitudinal. Si un político aspira a obtener mediante la vida política el alto ingreso que no ha logrado en la vida privada, para él aquella noble vocación deja de ser un fin para convertirse en un medio al servicio de fines inconfesables. A la honestidad económica debiera agregarse aquí lo que llamaríamos la "honestidad actitudinal". Esto se refiere a la coherencia entre el pensar, vivir y amar. La incoherencia es el peor mal que un líder le puede hacer a sus seguidores.

Tuesday, September 08, 2009

Más es Menos y el que ríe último ríe mejor – Paradojas bíblicas


La Biblia está llena de historias en las que de alguna manera se cumple el dicho “el que ríe de último, ríe mejor.” No es que el dicho se origine en la Biblia, sino que sencillamente se cumple tantas veces y de tantas maneras que es difícil no asociar una cosa con la otra. La lista de primeros que pasan a segundos (y a últimos) es casi interminable. De modo pues que unos cuantos ejemplos bastarán para comprobar este paradigma bíblico.

Cinco casos de Génesis: (1) Caín y Abel: A Dios le agrada el sacrificio del segundo, no del primero. (2) Ismael e Isaac: Ismael nació primero, pero no fue el heredero de la promesa. (3) Esaú y Jacob: Esaú nació primero, pero la bendición la recibió Jacob. (4) Los once y José: José era el menor, pero fue más importante que todos sus hermanos. (5) El éxodo y la entrada a la tierra: Los que salieron de Egipto fueron unos y los que entraron fueron los hijos.

Dos casos de 2 Reyes: (1) Gejazi y Naamán: El israelita adquirió la lepra por la codicia y el leproso sirio fue sano. (2) Los oficiales del rey y los cuatro leprosos: Los militares no pueden lo que pueden cuatro leprosos, salvar la ciudad de Samaria del estado de sitio.

Uno de Ester: Aman y Mardoqueo. Amán es el oficial persa que prepara la muerte de los judíos para luego morir él y dejar al judío Mardoqueo en su lugar.

Cinco casos de los Evangelios: (1) Los fariseos y los pecadores: Los primeros se creían los primeros, pero Jesús pone a los pecadores en su lugar. (2) Los ricos y la viuda. Los ricos creen que dan más porque dan más, pero Jesús les dice que la viuda que dio menos, dio más. (3) El publicano y el fariseo: El fariseo se cree más piadoso por sus obras públicas de piedad, pero Jesús dice que el publicano es el justificado. (4) El siervo y los importantes: Los discípulos buscan los puestos importantes, pero Jesús les dice que los más importantes son los siervos. (5) la fe de los judíos y la de un extranjero: La exaltación más grande de la fe de un individuo la hizo Jesús de alguien que no era ni religioso ni judío; era un extranjero y además centurión.

Un caso de Hechos de los Apóstoles: Matatías y Esteban. Matatías es elegido para tomar el lugar de Judas, pero el Espíritu Santo eligió a Esteban el mesero para que predicara con poder y fuera el primer mártir.

Uno de las Cartas de Pablo: Los sabios y la escoria. Los sabios y estudiosos se creen más y con más derecho de hablar; Pablo les dice que a quienes Dios eligió no fue a los sabios, sino a la escoria del mundo, para avergonzar a los sabios.

¿Cuál es el mensaje de todo esto? Mucho se podría decir, pero digamos sólo un poco. La gracia no corresponde al derecho. El desagradable es agradable. Lo primero no es lo primero. El sentenciado a muerte termina gobernando. Lo menos es más. El que más se cree es menos. El impotente es poderoso. El no israelita es más israelita. El menor es mayor. El que no es elegido es escogido. El que sabe menos sabe más. El que tiene más tiene menos. El que menos da, da más.

Esta es una temática que corre por toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Es realmente difícil no ver las betas de este mensaje tan paradigmático que casi debería ser elevado a la categoría de doctrina cristiana. Por mucho que para Dios resulte divertido, no nos creamos más de lo que somos. Las matemáticas bíblicas añaden y sustraen de manera distinta a los estándares y presupuestos humanos. ¿Ud, qué se ha creído?

Monday, September 07, 2009

Uribe: presidente, monarca o dictador “chévere ” ?

Estábamos hablando con otros empresarios amigos sobre la democracia. Uno de ellos, para quien Uribe es “un dictador chévere” considera que la democracia es un mito. Así lo pensó el politólogo anglo-norteamericano James Burnham, quien en “Los maquiavelistas” comentó la obra de otros autores que pensaban, como él, que el gobierno de la mayoría es una ilusión porque, en los hechos, siempre manda alguna minoría. En “La clase política”, Gaetano Mosca, el más famoso de los maquiavelistas, resumió el pensamiento de su escuela al afirmar que "una minoría organizada siempre prevalece sobre una mayoría desorganizada". Probablemente éstas afirmaciones avalen el adjetivo calificativo que se ha puesto de moda entre la clase empresarial para designar al presidente Uribe.

En mi opinión el riesgo de que lo nombrado se haga verbo está directamente relacionado con la posibilidad de una re-reelección. Como modelo ético respecto del tema recuerdo a Fernando Henrique Cardoso no sólo porque fue presidente de Brasil entre 1995 y 2003 sino también porque fundó un sistema. Como su frase más recordada es que "tres períodos es monarquía", Cardoso tuvo el buen cuidado de respetar la reforma constitucional que él mismo había propiciado, la cual no permite más de dos mandatos presidenciales consecutivos.

Si Uribe cediera al fin a la tentación "re-reeleccionista", obtendría seguramente otros cuatro años en la presidencia pero dejaría a su país sin sistema porque ingresaría en el peligroso camino de las reelecciones consecutivas que hoy caracteriza a los regímenes autoritarios del venezolano Chávez, el ecuatoriano Correa, el boliviano Morales y el matrimonio Kirchner.

En América latina, la reelección consecutiva indefinida es la frontera que separa esas expresiones del autoritarismo populista de las repúblicas democráticas como Brasil, Chile y Uruguay, todas ellas en camino hacia las democracias maduras de Europa y América del Norte.

Pero la maduración democrática de las naciones latinoamericanas sólo ha sido posible con una condición previa: el renunciamiento de sus presidentes-fundadores. En 1994 el primer sucesor democrático de Pinochet, Patricio Aylwin, renunció en Chile a la posibilidad de una reelección inmediata, creando así un precedente que seguirían puntualmente sus sucesores Frei, Lagos y Bachelet. En 1990, Julio Sanguinetti respetó escrupulosamente por su parte la prohibición de la reelección inmediata de la constitución uruguaya, algo que reiteraron sus sucesores Lacalle, Batlle y Tabaré Vázquez. En 2003, ya Cardoso había descartado ese tercer período consecutivo al que calificó de "monárquico" y hasta ahora se supone que Lula haría lo mismo al fin de su segundo mandato.

Los países latinoamericanos que hoy se encaminan al desarrollo político lo han logrado en cumplimiento de un principio básico: que los fundadores de sistemas, los fundan y se van. Lo mismo habían hecho históricamente todos los presidentes colombianos. Si Uribe cediera ahora a la tentación reeleccionista, dejaría a Colombia sin sistema. Seguiría en el trono por algunos años más pero, al hacerlo, renunciaría al pedestal.

Saturday, September 05, 2009

Otra vez maná ??!!


Maná originalmente no era un grupo musical; fue la comida que Dios le proveyó a Israel en el desierto por cuarenta años (Ex 16:11–36). Parece que al principio les gustó mucho pues desobedecieron a Moisés y algunos recogieron más de lo que necesitaban para un día. Su sabor era como de galletas con miel (Ex 16:20, 31). ¡Nada mal para el desierto! Teológicamente, maná es símbolo de provisión divina, “pan del cielo” (Sal 78:24). Esto suena bien, visto desde la distancia con unos buenos binóculos teológicos, pero ¿quién puede aguantar 40 años con el mismo menú? ¿No resulta ambiguo el hecho y el símbolo, dado que, en cuestiones de comida, es preferible la variedad? ¿O es que se volvieron muy exigentes?

Una cosa es criticar las murmuraciones de Israel en el desierto y otra soportar cuarenta años comiendo la misma cosa, maná. Por muy delicioso que fuera, uno supone que después de 40 años ya perdía su gracia. Pero siendo honestos, uno debe preguntarse también, ¿qué de la gente que come arroz todos los días? ¿o fríjoles? ¿o pan? ¿o papa? ¿o tortillas? La mayoría de la gente del mundo come más o menos la misma cosa todos los días con leves variaciones. Entonces, ¿por qué se quejaban los israelitas del menú celestial? ¿No comían además codornices?: “Y el pueblo habló contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable” (Num 21:5).

El asunto parece ser más complejo que la simple comida. Los israelitas no se comían el maná solo; lo condimentan con una pizca de ingratitud y otra de amnesia colectiva selectiva. Es decir, se acuerdan solamente de las delicias de la cocina egipcia: “Nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, de los pepinos, de los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” (Num 11:5). De modo pues que, al momento de comer otra vez maná, Egipto dejó de ser sitio de esclavitud, padecimiento y duras labores para convertirse en el sitio donde se comía bien. Es decir, sufrían de la nostalgia que padecen muchos cuando se trasladan de un lugar a otro: ante lo diferente del nuevo lugar y seguramente ante las dificultades, idealizan el lugar original de residencia por medio de la extrapolación de una pequeña parte a la totalidad. Ocurre una especie de metonimia del recuerdo. Pero basta una visita breve al lugar de origen para saber que por muy bueno que fuera, no era el paraíso.

Gabriel García Márquez comienza su autobiografía con una atractiva máxima antes de iniciar su relato: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.” Tal afirmación probablemente es inofensiva en el caso de su vida. Es cierto también que todos los pueblos deciden cómo quieren construir su pasado, pero la historia no se hace al garete. Hay ejemplos muy recientes que demuestran los límites del capricho cuando de historia se trata. El historiador británico David Irving se declaró culpable y fue sentenciado por una corte austriaca a tres años de cárcel por el delito de pretender cambiar la historia negando algunas de las atrocidades cometidas contra los judíos en Auschwitz. Más exactamente, negó en uno de sus libros que allí se hubieran utilizado cámaras de gas. Casos como el de Irving muestran que es posible poner correctivos a la historia mal contada; y que una cosa es una autobiografía y otra la historia de un pueblo. Si yo quiero recordar que tenía los ojos azules cuando niño (cosa que no es cierta), nadie me va a demandar ni meter a la cárcel. Pero, ¿aceptaríamos que un Hitler o un Pablo Escobar o un Idi Amin Dada, si ellos (o sus biógrafos) hubieran adoptado la máxima de García Márquez y aparecieran como “los buenos de la película”?

El texto bíblico nos dice que sí es posible recordar la historia personal según el gusto personal (hasta aquí el novelista tiene razón), pero eso no quiere decir que la historia fue otra ni que sea imposible recuperarla. Es decir, una cosa es la historia colectiva documentada y otra la historia individual a partir del mero recuerdo sin crítica ni evaluación externa. Por eso, ante el revisionismo histórico a ultranza que pretende argumentar que Israel se inventó su pasado (“glorioso” según algunos) en el exilio, hay que decir dos cosas: primero, que hubo correctivos; y segundo, ¿qué hay de glorioso en ser esclavo en Egipto? Si bien es cierto que hubo en Israel intentos de recordar la historia, o por lo menos parte de ésta, de una manera que no correspondía a la realidad de los hechos, también es cierto que es posible corregir tales versiones románticas con el recuerdo de los hechos verdaderos por crudos que hayan sido. ¿Y para que sirve la corrección? Por lo menos para tres cosas: para que futuras generaciones no hagan lo mismo, para que el recuerdo de lo verdadero los conduzca a la gratitud y para darles fuerzas para enfrentar el futuro.

Wednesday, July 15, 2009

Obama, Hans Küng y el liderazgo ético… ¡¿qué ética?!

Cuando un intelectual católico se aleja y acaba rompiendo con la Iglesia su creatividad tiende a decrecer hasta límites insospechados. Es el caso de Hans Küng, que de ser un brillante teólogo ha pasado a convertirse en poco más que un redactor de tópicos de lo políticamente correcto. Esto y su afán de notoriedad le llevan a posiciones que bordean el sentido del ridículo.

Obama tiene un magnifico discurso; el presupuesto que ha presentado posee muchos elementos de interés, aunque no el plan económico previo que ha sumido en el desconcierto a los agentes económicos. Su último discurso dirigido a los ciudadanos de EEUU, como presidente, constituye un hito por lo que significa de plantar cara a los lobbies. Su contenido y su forma, en este mensaje por la televisión, fue muy distinto al pronunciado pocos días antes en el Congreso, de contenido muy moderado y con continuas llamadas a la unidad. Pero un nuevo enfoque presupuestario, la critica a los lobbies, y sus buenos discursos, con esto solo, no se le puede convertir en el paladín de la ética internacional.

Primero, porque es poco, hay que dar tiempo; y segundo, porque en el mientras tanto ha tomado otras decisiones que lo alejan de los fundamentos éticos: la autorización para investigar con embriones humanos utilizando fondos públicos, precisamente cuando los avances producidos en los últimos años cuestionan, ahora en el plano científico, la plena validez de esta vía. Su posición muy favorable al aborto, hasta el extremo de nombrar como asesora legal de la presidencia a una de las abogadas más destacadas de las organizaciones abortistas, es otro dato que no empuja a la celebración ética que practica Küng, a menos, claro está, que el aborto y el uso de embriones humanos le importen más o menos nada.

Es difícil entender que alguien pueda constituir un referente ético en el mundo si no es capaz de hacer como mínimo un punto de reflexión sobre estas dos grandes amenazas del sentido de la humanidad: la utilización de la genética humana como material y el aborto. Creyentes y no creyentes ven grandes peligros o al menos constatan la existencia de dilemas importantes en estas dos cuestiones. Obama, ahí, asume plenamente el tópico de que en todo esto no hay problema, no pasa nada. Es sorprendente que Küng cuando lo proclama esperanza de la ética no tenga en cuenta estos hechos, aunque si lo hiciera dejaría de tener el apoyo de los políticamente correctos.

Pero es en el plano internacional donde la práctica política de Obama se manifiesta guiada por los criterios clásicos de la corriente pragmática de la política exterior americana, que puede ser útil para sus intereses pero que no ha constituido jamás un referente ético

Cuando Hillary Clinton expuso hace un par de meses las líneas de la política exterior las resumió en las tres “D”: Defensa (el presupuesto global ha aumentado un 4% aunque hayan disminuido las partidas destinadas a Irak y Afganistán, lo que va a permitir aumentar el número de soldados y marines enrolados), Diplomacia (el primer viaje de Hillary ha sido a China, Corea y Japón, marcando así la prioridad asiática, y el segundo a Egipto e Israel, algo que forma parte de la agenda estándar de la política exterior americana) y Desarrollo (en la recientísima conferencia de donantes para Gaza, EEUU ha contribuido con un tercio del total). Es pronto para ver cómo se articula este conjunto, especialmente el del desarrollo porque ya se han manifestado las tentaciones proteccionistas de la nueva administración demócrata, y en el plano interior el buen trato a la inmigración no parece una prioridad, a pesar de su urgencia.

Pero, sobre todo, lo que llama la atención es que ha caído una D frecuente en la política exterior americana cuando no está dominada por la corriente pragmática: la D de Democracia, que se puede hacer extensiva a los Derechos Humanos. Clinton fue a China y omitió cuidadosamente toda cuestión relacionada con los Derechos Humanos. Lo que le interesa es concordar en materia de política económica, lucha antiterrorista, y el control de Corea del Norte. La situación en que viven muchos chinos que quieren libertad no le importa demasiado. Los cristianos debemos ser particularmente sensibles a este tema por la situación de represión en la que se encuentran.

Y qué se dice sobre la Pobreza…ah, perdón “pobreza” empieza con “P” y no con “d”, es decir no está en el plan de gobierno porque no rimaba.

Hace poco la organización “Ayuda a la Iglesia Necesitada” explicó la persecución que existe contra los católicos por considerarlos perturbadores del orden. Hay sesenta obispos encarcelados y seiscientos sacerdotes bajo arresto domiciliario. Esta persecución no es exclusiva de la Iglesia, otros cristianos también la sufren; la administración Obama ignoró este tema. Y esto que no es ninguna sorpresa, porque se engloba en una de las grandes corrientes de pensamiento americano en política exterior, los principios son secundarios, lo importante son los intereses, algo que obviamente no justifica declarar a Obama paladín de la ética internacional. Ni ésta es su pretensión.

Ni tan siquiera la retirada de las tropas de Irak, que podría presentarse, desde una determinada perspectiva, como un hecho favorable a un compromiso ético, puede considerarse así. En realidad al bajar a los detalles concretos nos encontramos con otra manifestación pragmática: va a reducir las tropas sobre todo a partir del 2010 con el objetivo de que la evacuación total, si es posible, se produzca el 2011. Esta posición ha sido asumida por los republicanos y en particular por Machain, y ha encontrado una fuerte oposición demócrata, pues esperaban una decisión mucho más rápida y menos flexible. La reducción en Irak va acompañada del aumento de efectivos en Afganistán, con lo cual lo que se produce es un trasvase de tropas de un país que se considera mucho más controlado a otro donde los talibanes han ido ganando terreno. Este hecho unido al ya apuntado incremento de efectivos militares que tendrá el ejército de EEUU y el énfasis de Clinton en la 'D' de defensa, definen una política exterior americana donde el brazo militar continuará teniendo un peso extraordinario.

La política exterior de EEUU se ha movido siempre en torno a dos ejes, que han ido alternándose en función de quien gobernaba en Washington. Uno de ellos era el de promover la democracia en el mundo. El otro era la vía pragmática, donde lo que pesaba eran los intereses de EEUU y no el régimen político del país en cuestión. Los republicanos han jugado en ocasiones esta baza. Nixon fue quizás quien la empleó de la mano de Kissinger de una manera más sistemática y espectacular, y los demócratas también apostaron por un intervencionismo idealista, como con tan poca fortuna intentó Carter. Bush ha jugado la carta de hacedor de democracias a base de intervenciones militares como en Irak; Obama parece que se integra a la vía de intervenir solo si está en juego un interés americano, y dejar hacer en los demás casos.

Las dos posiciones a juzgar por la experiencia histórica, tienen pros y contras, incorporan aciertos y graves y sangrientos errores, pero en cualquier caso lo que es difícil es querer confundir el pragmatismo exterior con un liderazgo ético mundial; entre otras cosas porque el fin primordial de esta línea es el beneficio de EEUU que no siempre coincide con el bien común.

Tuesday, July 07, 2009

Denuncias Bíblicas a Sacerdotes, Pastores y Ministros... Cualquier semejanza con la realidad...

Cuando Ananías ordenó que le cambiaran la sonrisa a Pablo, es decir, que le dieran una bofetada, Pablo se embejucó de tal manera, es decir le molestó tanto, que le dijo a Ananías unas palabras no muy amables: “¡Hipócrita, a usted también lo va a golpear Dios! ¡Ahí está sentado para juzgarme según la ley! ¿Y usted mismo viola la ley al mandar que me golpeen?” (Hc 22:3). Pablo está dispuesto a sufrir por el evangelio (Fil 3:10–11), pero no tolera este tipo de abuso.

La reacción de Pablo se debe a que no reconoció al funcionario. Para su sorpresa, quien lo había mandado a abofetear no era otro que ¡el Sumo Sacerdote! Pero, para colmo de las ironías, el Sumo Sacerdote, se ha salido de la ropa, del fuero de su cargo, y de su nombre: “Ananías” es un nombre hebreo que significa “Yavé muestra su gracia”. Es casi como la Dulcinea del Quijote, que de dulce muy poco tenía, pues dejó a Don Quijote en un estado de agotamiento emocional, desesperanza melancólica y listo para morirse. Pablo no reconoció al Sumo ni como agente de la ley, ni como máxima autoridad religiosa y civil, ni como Ananías. Poco respeto le inspiró quien lo maltrataba.

Al saber que se trataba de SSSS (Su Santidad el Sumo Sacerdote), Pablo pide disculpas citando la Escritura: “Hermanos, no me había dado cuenta de que es el Sumo Sacerdote, porque está escrito: ‘No hables mal del jefe de tu pueblo’.” (Hc 22:5; Ex 22:28). La sensación que le queda al lector es ambigua: por un lado tiene la conducta reprochable del Sumo Sacerdote, que amerita la reacción de Pablo; pero por otro lado tiene la Escritura, según la cual estas personas merecen respeto.

En Oseas encontramos algunas otras denuncias de alto calibre dirigidas a los sacerdotes del antiguo Israel: “pandilla de sacerdotes”, “salteadores”, “ladrones”, “infames”, “adúlteros”, “mentirosos” (Os 6:9–7:4). Cero diplomacia. Todo eso es más y peor que lo que le dijo Pablo a Ananías siglos después. La complicación en Oseas es que hay una mezcla de voces: narrador, Oseas y Dios. ¿Quién dijo qué? y ¿qué importa? Esas son las dos preguntas que nos hacemos. La manera como se presenta el texto en la Biblia, indica que fue Oseas o Dios, pero de todos modos hay un narrador que probablemente recopiló las palabras de Oseas, pues el libro comienza relatando en tercera persona.

Sin disculpar los insultos, en ambos casos el ministro de Dios es irreconocible por sus actos. Es decir, si un ministro religioso, en vez de hablar de Cristo, la gracia de Dios, el arrepentimiento y el perdón, cada vez que predica no habla sino de dinero con el fin de sacarle dinero a la gente, entonces el tal ministro es un ladrón, pandillero, salteador, infame y mentiroso. ¿Por qué? Pues porque eso es lo que hacen los ladrones, pandilleros y atracadores; ni más ni menos. No son insultos fortuitos, son ganados, y bien ganados.

Uno de los blancos de la Ilustración fueron las instituciones religiosas y sus representantes. Meslier denunciaba a principios del s. 18 que “nadie se puede oponer a la monarquía absoluta, las pretensiones eclesiásticas, las creencias populares, ni a lo que el llama ‘la tirannie des grands de la terre’, sin sacrificar su propia paz y comodidad, y sin experimentar intimidación y reprensión masiva.” El citado Meslier, además dice que el trabajo principal de los ministros religiosos es mantener a la gente en el error. La veracidad de todo esto se tendrá que estudiar caso por caso, de una religión a otra y de un ministro a otro. Es decir, no se los puede acusar a todos ni defenderlos a todos. El punto es sencillamente que para todo hijo de la Ilustración, el ministro religioso es de entrada sospechoso.

Lucas y Oseas reconocen parte de lo que dice Meslier, que los sacerdotes y ministros tienen una plataforma natural para el abuso: la credulidad de mucha gente, los problemas de la vida y la aura de infalibilidad y poder de tales cargos. Pablo es también un ministro religioso, pero víctima de otro ministro de un rango superior. Con disculpa y todo, y sin querer queriendo, Lucas al contarnos el episodio, da cuenta de un Sumo Sacerdote irreconocible, que abusó de su fuero religioso y se salió del forro. Oseas igualmente denunció, y sin pedir disculpas, otros abusos de ministros.

Lo mínimo que se puede concluir de todo esto es lo siguiente: (1) si usted es un feligrés, recuerde que es una víctima potencial de los ministros abusadores; (2) si usted es un sacerdote, pastor o ministro, recuerde dos cosas: para muchas personas y sin haber hecho nada, usted es sospechoso; y, por ser humano, tener una investidura eclesiástica, sufrir los descalabros de la economía, tener credibilidad delante de los crédulos (que no es lo mismo que creyente), usted es un potencial abusador. ¡Cuídese! ¡Y cuídese mucho! No sea que se vuelva irreconocible; y (3) ¿Será que los ministros necesitan que de vez en cuando alguien los regañe y les jalen las riendas? ¿Se debe esperar un cambio de sonrisa para exponer al ministro desaforado?

Sunday, June 07, 2009

Fariseos ¡Hipócritas!... Pero no más que vos y yo


Los personajes del Nuevo Testamento a quienes más mala prensa se les ha hecho son los fariseos. Tanto es así que para muchas personas fariseo es sinónimo de hipócrita. No se discutirá que sí fueron llamados hipócritas, pero hay que mirar bien la totalidad de la información que tenemos de ellos. Por cierto, la información es fragmentaria y en ocasiones contradictoria. Por su complejidad, no se podrá hacer aquí justicia al tema. Sin embargo, es posible observar que en el Nuevo Testamento y otras fuentes que de ellos hablan, los fariseos no se pueden reducir únicamente a la hipocresía.

Empecemos por el origen de los fariseos.[1] La respuesta corta es que no sabemos con exactitud cuáles son sus orígenes. Aparecen en escena por la época de los Macabeos. Dos opiniones compiten en cuanto al significado de su nombre: “separado” (Scott) o “agudo” (Baumgarten, N. T. Wright). Sabemos de los fariseos por los escritos de Josefo, los Rollos del Mar Muerto (crípticamente), la literatura rabínica y el Nuevo Testamento. Sabemos que algunos escribas son fariseos, pero no todo fariseo es escriba, ni todo escriba fariseo.

Sus dos características principales son: Defienden la pureza que exige el Templo, y la obediencia a la Torá y a la ley oral en todos los aspectos de la vida. Esto se convierte a su vez en una forma de resistencia al gobierno pagano de Roma. Por eso para ellos el guardar el sábado es un símbolo de poder fundamental para la identidad nacional. No constituyeron un poder oficial, pero con cartas de recomendación Saulo, un fariseo, perseguía a los cristianos; lo cual muestra también que algunos recurrían a medios violentos para lograr sus objetivos (Hc 9:1–2); también hay evidencias de su presencia en Masada; otros no recurrieron a la violencia, como Gamaliel (Hc 5:33–42). Es posible imaginarse la situación más o menos así: los pacifistas pensaban “Dios es el Señor de la historia” (Hillel) y los otros le contestaban, “Sí, pero en ocasiones podría requerir de nuestros servicios” (Shammai).

Siendo así las cosas, las diferencias entre fariseos y saduceos va más allá de la fe. Una vez que se cumplieran las aspiraciones de los fariseos al ver a Israel restaurado y reconstituido, los saduceos perderían su posición de privilegio económico y social por su alianza con los romanos. Por eso a los saduceos sólo les interesan las leyes del Pentatéuco.

En los asuntos de fe, los fariseos no son maestros oficiales de la Ley. Sin embargo, tenían mucha influencia sobre las masas. Eran más estrictos que los saduceos, pero menos que los esenios. No sabemos cuántos eran, pero sí eran suficientes en números como para hacerse sentir en todas partes donde hubiera judíos. Su agenda iba más allá de la piedad, por lo menos hasta el 135 d.C. cuando oficialmente se prohíben las ideas revolucionarias y se separa el estudio de la Torá de las cuestiones políticas. Digamos de paso que de ese estudio de la Torá en grupos nació el judaísmo moderno.

Algunos fariseos tuvieron buenas relaciones con Jesús. En una ocasión unos fariseos le dijeron: “Sal de aquí y vete a otro lugar porque Herodes quiere matarte” (Lc 13:31); otros lo invitaban a comer (Lc 7:36–50; 14:1); otros creen en Jesús (Jn 3:1–21; 7:45–53; 9:13–16); algunos hasta protegen a los cristianos (Hc 5:33–39; 23:6–9).

Los fariseos discuten mucho con Jesús. Algunos han sugerido que la razón principal era lo cerca que estaban; era casi como una discusión familiar, no de enemigos. La razón por la cual se les llama “hipócritas” no es porque ellos fueran especialmente más hipócritas que otros. Más bien, los fariseos sufren del mal que sufren todas las personas religiosas y los maestros de cosas religiosas, incluyendo el cristianismo en todas sus expresiones: vivir por debajo del estándar que ellos mismos ponen. Por eso con tono irónico Jesús dice: “hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen” (Mt 23:3).

Eso es todo. ¿Es usted religioso o maestro de asuntos de fe? ¡Cuídese! Y cuide a cuantos pueda.

Thursday, May 07, 2009

La mejor respuesta al populismo

A medida que van saliendo a la luz los detalles de lo que ocurrió en las sesiones a puertas cerradas de la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago, en abril pasado, resulta evidente que la mejor intervención del encuentro fue la del presidente de Costa Rica y ganador del premio Nobel de la Paz, Oscar Arias.

A diferencia de los mandatarios de Venezuela, de Bolivia, de Nicaragua y de Ecuador, Arias no dio una conferencia de prensa durante la cumbre ni envió a sus funcionarios a avisar a los periodistas internacionales cada vez que entraba o salía de la sala de reuniones.

Pero la respuesta de Arias al presidente de Ecuador, el populista Rafael Correa -que circuló por Internet en los últimos días y cuya veracidad me fue confirmada por Arias en una entrevista telefónica- debería ser de lectura obligatoria para todos aquellos que siguen de cerca la política latinoamericana.

El discurso de Arias tuvo lugar durante la sesión cerrada de la cumbre del 18 de abril. Era la primera reunión en la que los presidentes latinoamericanos y caribeños se reunían en conjunto con el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Acababa de hablar Correa, quien -al igual que lo habían hecho los presidentes de Venezuela, de Bolivia, de Nicaragua y de la Argentina, con diferentes grados de intensidad- culpó a Estados Unidos del atraso latinoamericano durante los últimos 200 años.

En su improvisado discurso, cuya versión escrita lleva el título de "Algo hicimos mal", Arias dijo: "Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de Estados Unidos de América es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo".

Continuó: "No podemos olvidar que América latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres".

"Cuando aparece la revolución industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda. La revolución industrial pasó por América latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente, perdimos la oportunidad", siguió diciendo Arias.

"Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos", agregó.

"¿Qué hicimos mal?", preguntó Arias, acto seguido. Entre otras cosas, señaló que en América latina el promedio de escolarización es de apenas siete años; que la región tiene uno de los índices de recaudación impositiva más bajos del mundo y que gasta la absurda cifra de 50.000 millones de dólares por año en armas y otros gastos militares.

"Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto bruto interno, y eso no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobramos dinero a la gente más rica de nuestros países", añadió Arias.

"Quién es el enemigo nuestro?", preguntó a sus colegas el presidente costarricense. "El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura."

El siglo del pragmatismo

Reconociendo que el siglo XXI sea probablemente el siglo asiático -y no el latinoamericano- y que China ha sacado de la pobreza a 500 millones de personas desde que abrió su economía hace tres décadas, Arias concluyó: "Mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los «ismos» [¿cuál es el mejor: capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo...?], los asiáticos encontraron un «ismo» muy realista para el siglo XXI, que es el pragmatismo´´.

Mi opinión: Arias está en lo cierto. Durante los últimos 200 años, Estados Unidos ha hecho muchas cosas, buenas y malas, en la región. Pero culpar de las falencias latinoamericanas a Estados Unidos -como lo hicieron los presidentes de Venezuela y sus seguidores- es intelectualmente infantil y políticamente peligroso.

Los líderes populistas están utilizando la retórica antinorteamericana para justificar sus ambiciones de eternizarse en el poder.

No es casual que todos sigan el mismo guión: culpar a Washington, exigir una "refundación" de sus países y luego reescribir la Constitución para lograr la supremacía absoluta y permanecer indefinidamente en el poder en nombre de la defensa de la soberanía nacional. Es hora de ponerlos en evidencia, y Arias lo hizo con magnífica elocuencia.

Los que beatifican a los norteamericanos incurren por ello en un error paralelo al de los que los maldicen, porque unos y otros los convierten, por izquierda o por derecha, en los protagonistas de nuestro destino. La tesis de Arias es, al contrario, una urgente invitación a los latinoamericanos para que confiemos, finalmente, en nosotros mismos.

Wednesday, April 08, 2009

VERSICULITIS – Un seudo pastoril uso y abuso de la Biblia


En una ocasión un hijo con emoción le cuenta a su padre cómo había “volado” por los aires al golpear una ola y ser expulsado de una goma tirada por una lancha con motor de seis cilindros y 3.500 cm3; el papá le respondió, “es cierto que Dios nos cuida, pero no debemos abusar.” Otra historia cuenta de un individuo que de manera arrogante desafió una serpiente venenosa porque la Biblia dice: “aplastarás al león y a la víbora; pisarás fieras y serpientes, y nada te pasará” (Salmo 91:13–14); pues resulta que la serpiente lo mordió y el tipo se murió. Hubo otro caso en el que una persona le dijo a otra: “lánzate desde este edificio, porque la Biblia dice que Dios mandará a sus ángeles para que te sostengan en sus manos y tus pies no tropiecen contra piedra alguna...”

Los tres casos son de la vida real. Al primero, un joven llevado por la emoción del momento, no le paso nada por la misericordia de Dios; al segundo ya sabemos lo que le pasó por la arrogancia y porque la serpiente tal vez no había leído el salmo 91.

El tercer caso se encuentra en Mateo 4. Es Satanás quien le cita a Jesús Salmo 91:11–12 (cp. Salmo 34:8). Es el único caso de la Biblia donde Satanás cita la Escritura. Jesús, como sabemos, no le hizo caso a Satanás. Pero ¿por qué no se lanzó Jesús si Satanás estaba citando dos versículos de la Biblia que Jesús conocía y creía que eran palabra de Dios?

Como Satanás sabe que Jesús conoce las Escrituras y que es obediente a ellas, su estrategia consiste entonces en citarle la Biblia a Jesús. Toma las palabras de un salmo de la Biblia y las recita con la intención de hacer pecar a Jesús. Es como si se pudiera pecar “cumpliendo” lo que dice la Biblia. Es decir, una forma de manipulación de la Biblia, de engañar y de hacer daño a otras personas puede ser la cita de un versículo o dos, como lo hizo Satanás.

El problema del “versículo” o texto prueba es que ningún versículo, por muy de la Biblia que sea, contiene toda la verdad bíblica, ni toda la verdad sobre un mismo tema. Según parece, las palabras del Salmo 91 son para “un rey o un guerrero que acaba de escapar de un ataque mortal violento y todavía enfrenta el peligro”. Son palabras de bendición para momentos de peligro y accidentes, no una intervención divina para evitar un suicidio. Pero, tampoco son palabras absolutas ni siquiera bajo el antiguo pacto, porque como sabemos por la misma Biblia, los justos y los inocentes también sufren (Salmo 44:24; 55:3). Lo que sí saben los creyentes es que “en últimas, cualquiera que sean las circunstancias, están seguros en el amor de Dios”: él está con sus hijos en los momentos de angustia (Salmo 91:15).

El antídoto hermenéutico de Jesús para combatir la versiculitis es: está escrito esto, pero también está escrito esto otro. Muy sencillo. Es decir, la verdad de la Biblia no está en un versículo ni dos, sino en toda la Biblia. Por eso cuando Satanás le cita un par de versículos a Jesús, la respuesta del Señor es “eso que tú dices que está escrito no es lo único que está escrito.” De modo pues que la verdad bíblica no se construye citando versículos aislados, por muy bonitos, pastorales o alentadores que suenen. Debemos cuidarnos del engaño puesto que la versiculitis es una forma de distorsionar de la Biblia y de engañar.

La Biblia afirma que Dios es soberano sobre toda la tierra y sobre nuestras vidas. Todos quisiéramos parar de sufrir, pero por difícil que nos resulte aceptar, en ocasiones los creyentes pasan por pruebas y dificultades que Dios en su sabiduría permite. En otras ocasiones nos libra milagrosamente de tragedias, dolor y sufrimiento. Así que los versículos bíblicos de protección y prosperidad no son cheques en blanco firmados por Dios para que el portador los cobre a su antojo. No importa quién cite los versículos ni con cuanta convicción los diga. Satanás citó bien, pero aplicó mal, como Jesús se lo demostró. De modo pues que, lea toda la Biblia, vacúnese contra la versiculitis y cuídese de las culebras.